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jueves, 17 de diciembre de 2015

La memoria: como recordar más y mejor



¿Te ha pasado alguna vez lo de dejar las llaves y no tener ni idea de dónde fue ese lugar donde las viste por última vez, por lo que perdiste media hora buscándolas ? ¿Hacer un examen del que habías estudiado como si de ello dependiera tu vida y darte cuenta de que el día siguiente del examen ya no recordabas nada? Entonces lee este artículo.
La memoria es nuestra gran olvidada, pues no es que nos paremos muy a menudo a pensar en ella. Vive en el olvido hasta el día que nos falla y nos acordamos para maldecirla, pero de ella dependemos al 100%. Y si no pensad por un momento si no pudiéramos almacenar nuestras experiencias, ¿qué haríamos?
Ahora que os habéis imaginado el desastre, os cuento que la memoria no es homogénea, pues existen distintos sistemas que la engloban, a rasgos generales estos  son la memoria a corto plazo o de trabajo y la memoria a largo plazo, y de ésta distinguimos la implícita y la explícita. La implícita esta relacionada con el aprendizaje de habilidades y suele mantenerse intacta con el paso de los tiempos, de allí que aunque llevemos diez años sin montar en bici, el proceso no se nos olvida. En el caso de la explícita, puede ser semántica, relacionada con el almacenaje de nuestros conocimientos sobre el mundo, o episódica, relacionada con el recuerdo de nuestra propia vida. Ahora la gran pregunta es, ¿por qué falla? La respuesta es un tanto más compleja y depende de muchos factores, pues tenemos que pensar dónde ocurrió el fallo, si en la codificación, el almacenamiento o la recuperación. Una de las más importantes aportaciones en el campo de la memoria fueron los siete pecados de Schacter. Según él, los fallos pueden ser:
  • Paso del tiempo: a medida que pasa el tiempo, el recuerdo se desvanece, por lo que la repetición es importante. Si el recuerdo ha tenido gran impacto emocional, se mantendrá estable.
  • Distracción debido a la falta de atención: la información no se codificó, por tanto, no existe un recuerdo. Es el típico caso de “¿dónde dejé las llaves?” Si una acción se hace de forma automática, no es necesario prestar atención.
  • Bloqueo o el fenómeno de “lo tengo en la punta de la lengua”: ¿a quién no le ha pasado? Está seguro de que lo sabe y tiene una idea, pero ésta no se materializa con claridad. Este fenómeno se debe a que disponemos de la información almacenada, pero no conseguimos acceder a ella. Es como saber que tenemos un libro en la biblioteca pero no sabemos dónde está.
  • Atribución errónea: atribuimos recuerdos que hemos oído por otros pero no hemos vivido nosotros mismos.
  • Sugestionabilidad: todos sabemos el poder de la sugestión, que llega hasta tal punto que puede influenciar los recuerdos propios.
  • Sesgo: el recuerdo se ve influido por nuestras actitudes, sentimientos, valores, creencias y conocimientos previos.
  • Persistencia: permanencia de recuerdos que desearíamos olvidar. Muy típico de los sucesos traumáticos. Es un suceso donde existe impacto emocional y puede permanecer para toda la vida claro y vívido.
Entonces, ¿qué se puede hacer para mejorar la memoria?:
  • La atención: es necesaria para que se codifique la información y exista un recuerdo.
  • Organizar la información: existen evidencias de que el cerebro organiza toda la información para que sea mas fácil acceder a ella. Por eso, organizándola, existe mucha mayor facilidad en recordar.
  • Repasarla: el paso del tiempo borra sin piedad los recuerdos, por lo que el repaso siempre ayuda. Si os fijáis, cuanto más trabajáis con una información y más la hacéis vuestra, más la recordáis. Leed, volved a ver ese documental que tanto os gustó, escribid sobre algún tema que os gusta, investigad sobre un tema que os parece interesante. Las opciones son infinitas.
  • Entender la información: nuestro cerebro es vago por naturaleza, así que su prioridad es ahorrar energía. Cuando aprendemos algo, solemos quedarnos con el significado más que con los detalles. Si queremos recordar bien, no tenemos que memorizar, sino entender lo estudiado, etc.
  • Visualizar la información: Existe la superioridad mnémica de las imágenes sobre palabras (Allan Paivio). Según distintos estudios, hay mayor facilidad de recuerdo cuando se trata de imágenes, no tanta con palabras concretas y, por último, hay menor facilidad con las palabras abstractas (quizás porque son las más difíciles de visualizar). “
  • Asociación: asociar el conocimiento del que disponemos  con el nuevo. Muchas veces ocurre de forma automática, pero si queremos potenciar el recuerdo, podemos hacerlo voluntariamente (conocimiento, gustos, contexto). De ahí surge el denominado efecto del contexto. Es mucho más fácil recordar una experiencia o información que se ha codificado en un contexto X cuando estamos en ese contexto, que estando en otro, porque ese lugar actúa de llave hacia el recuerdo. Si queremos recordar algo podemos imaginarnos el lugar donde lo aprendimos o sucedió. Por tanto, no olvidéis dotar a vuestro recuerdo de pistas y asociaciones, que más tarde os servirán de pequeñas llaves para vuestro recuerdo.


















martes, 2 de septiembre de 2014

El poder de tu mente

En los últimos años ha resurgido con fuerza la idea de la neuroplasticidad cerebral. Se trata de un concepto relativamente reciente pero que está dando y dará mucho de que hablar, sobre todo porque investiga el gran poder y capacidad de nuestro cerebro. Es un proceso de transformación que ocurre durante toda nuestra vida y en el cual nuestro cerebro constantemente se renueva creando nuevas conexiones, reforzando las ya existentes que están en uso y eliminando las que no lo están (use it or lose it).
Desde ese punto de vista todos tenemos la capacidad de mejorar nuestras destrezas o adquirir nuevas habilidades. Siempre que aprendemos, sea un idioma nuevo, una habilidad, etc. pasamos por las mismas etapas. Al principio son necesarios todos nuestros esfuerzos y recursos, lo cual provoca el consumo de toda nuestra atención (nuestra cabeza echa humo, para que nos entendamos). A medida que practicamos, conseguimos automatizar la actividad y ahorrar en recursos. En pocas palabras, pasamos de aprendiz a experto. Pasamos de dibujar garabatos a esculpir sobre el papel un “David” con toda su musculatura. ¿Cuál es la diferencia? ¿Talento? No, horas de práctica. Hay personas más propensas a ciertas destrezas y habilidades, pero la práctica siempre mejorará aquella actividad que ejercitamos. Como indica Donald Norman, se estiman unas 5000 horas de práctica para adquirir el conocimiento experto. Pongamos como ejemplo un médico. Su conocimiento experto le permite evaluar los síntomas de una manera muy rápida. Su capacidad abstractiva y reflexiva es mucho mayor, lo cual permite con solo echar un vistazo saber qué está ocasionando nuestro malestar.
Nuestro cerebro crea, pero también destruye: las conexiones de las que no hagamos uso son eliminadas porque nuestro cerebro, como máquina perfecta que es, busca el máximo ahorro para ganar en eficacia. Un estudio llevado a cabo por David Hubel y Torsen Wiesel mostró que los gatos recién nacidos, a los que se les cerraba uno de los párpados durante una semana, perdían la capacidad visual, pues se eliminaban las conexiones necesarias.
Ahora que sabes como funciona tu cerebro, también debes de saber que lo importante es que lo uses. Según diferentes estudios (enlace) cuánto más esté activo, menor es el riesgo de un declive cognitivo. Así que no temas involucrarte en nuevas actividades y retos. Para tu cerebro es toda una aventura y como todos sabemos: “la aventura puede ser peligrosa, pero la rutina es mortal”. Un ejemplo de cuánto beneficio aporta una actividad que ni sospecharíamos, es el aprender a hacer malabares. Es de las formas más eficaces de mejorar la velocidad de pensamiento.
La vida consiste en ponerse retos, así que tú puedes con aquello que te propongas. Lo importante es ser paciente con uno mismo y saber que cada vez que lo intentas, estás un paso más cerca de tu propósito. Ya no valen las excusas, pues no hay mayor fracaso que no intentarlo.

jueves, 31 de julio de 2014

La vida y el aprendizaje


No importa si estás en el norte o en el sur, si estás en la ciudad, o perteneces a una tribu perdida a la vista de la civilización. La vida tiene preparado para ti un juego (no muy divertido por cierto) que consiste en ponerte a prueba, y cuanto más te resistes, probablemente más difícil te lo pondrá.
La tribu de los guerreros de mar, como prueba de iniciación, se someten a latigazos con el objetivo de aguantar el dolor sin nada que delatara su sufrimiento. Si lo consiguen, el premio es un collar de conchas que, de un modo simbólico, indica la llegada a la madurez del participante.
Del mismo modo, la vida nos da continuos latigazos. Todos hemos pasado por problemas; es parte del aprendizaje. Y en este proceso muchas veces nos encontraremos más solos que nunca, lo cual nos hace pensar por qué justamente cuando más lo necesitamos. Pero, ¿y si éste es el objetivo del juego? Al igual que los exámenes son una evaluación individual, cuando superamos alguna dificultad somos conscientes de nuestras capacidades. Y eso nos hace crecer, nos hace crecernos y sobretodo madurar, adquiriendo un poco más de aprendizaje en nuestro equipaje necesario para la próxima prueba, porque esto es la vida, y hasta el último momento tendremos que mover ficha.